Techné

Conferencia

Armado de una bomba atómica, Archivo histórico.

Armado de una bomba atómica, Archivo histórico.

La técnica es buena, pero peligrosa

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El filósofo Günther Anders ha afirmado que con Hiroshima comenzó una nueva era, una era “en la que en cualquier momento disponemos del poder para transformar cualquier lugar de nuestro planeta, y aún nuestro planeta mismo, en una Hiroshima. Desde ese día somos, al menos de modo negativo, omnipotentes pero, puesto que, por otra parte, en cualquier momento podemos ser ‘borrados’, también desde ese día somos totalmente impotentes. Cualquiera que sea el tiempo que esta era pueda durar, aún si durara por siempre, ésta es ‘La última edad’: porque no existe ninguna posibilidad de que su differentia specifica, la posibilidad de nuestra autoextinción, pueda terminar sino con el final mismo.” (“Tesis para la era atómica”, revista Artefacto nº 5, Buenos Aires, 2002.)

Para Anders, ésta es la naturaleza de la “era del aplazamiento”, por lo que la pregunta básica de la moral de tiempos anteriores debe ser radicalmente reformulada: en vez de preguntar, “¿Cómo deberíamos vivir?”, ahora debemos preguntar “¿Viviremos?”.

“Para nosotros —sostiene Anders— que no somos todavía no-existentes en esta Era del Aplazamiento, solamente existe una respuesta: pese a que en cualquier momento el tiempo del final puede convertirse en el final del tiempo, debemos hacer todo lo que podamos para que el final del tiempo sea interminable. Puesto que creemos en la posibilidad del final del tiempo, somos apocalípticos pero, puesto que luchamos contra ese Apocalipsis hecho por el hombre también somos —y esto es algo que nunca antes existió— antiapocalípticos.”

La aseveración de que la técnica puede ser “buena” o “mala” es utilizada por Carl Mitcham como testimonio de lo que denomina “escepticismo antiguo”. La aseveración, que tiene su correlato en el mito de Dédalo e Icaro,  sugiere optar—como si el acto decisorio sobre el uso de la técnica estuviera todavía a nuestro alcance— por no correr riesgos innecesarios en la utilización de los dispositivos técnicos. Por el contrario, la edad de la meta-técnica tiende a provocar en el sujeto la conciencia de estar imposibilitado para tomar decisiones verdaderamente autónomas, una fortísima sensación de desasosiego, que la existencia impone: no podemos sustraernos a la permanente presión que la novedad tecnológica ejerce sobre nuestra vida cotidiana (sea a través de la comunicación celular, de la última versión necesaria del programa de turno o del último efecto visual producido por Hollywood). Pero en su origen, ésta es una sensación ya expresada por los poetas románticos de comienzos del XIX,  cuando la técnica pasó de ser un instrumento utilizado por el ser humano para dominar la naturaleza a convertirse en un sistema ambiental que subordina al hombre a las exigencias del propio aparato técnico.

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[Texto completo presentado en 2008. Publicado en 2011 como parte del libro Pensar Técnico y Poder.]